En la década de 1990 las autoridades argentinas no atendían las
necesidades de los científicos, en la actualidad el gobierno busca repatriar
a los investigadores que emigraron. El plan de Néstor Kirchner,
que duplicó el presupuesto destinado a la ciencia este año, ya logró
tentar a un puñado de científicos y otros 200 están en lista
de espera para poder retornar a trabajar en el país.
A través del plan Raíces, que mantiene en contacto
a cerca de 2.000 investigadores argentinos que viven en el extranjero, ya retornó
al país un matemático que trabajaba en Estados Unidos
y próximamente harían lo mismo otros tres científicos.
El programa Raíces envía periódicamente
a los científicos ofertas de trabajo en Argentina y
ofrece el pago del boleto aéreo y de la mudanza a quienes deciden regresar.
La llamada fuga de cerebros comenzó en 1966, cuando
la dictadura que llegó al poder intervino las universidades públicas
y persiguió a los investigadores. Los gobiernos desde entonces nunca
otorgaron a la ciencia un lugar de importancia.
Durante la década de 1990 los científicos argentinos se quejaban
del trato despectivo que el gobierno de Carlos Menem tenía
para el desarrollo científico. Domingo Cavallo, llegó
a mandar a los investigadores locales a lavar los platos, en
alusión a su supuesta inutilidad, cuando los departamentos de ciencia
le exigían mayor presupuesto. En un país donde casi la mitad de
la población es pobre, la principal traba para que los investigadores
se queden o retornen es económica.